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El capitalismo financiero, la poesía y la física subatómica

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Un chiste que ha circulado por email en estos días [octubre de 2008] intenta explicar con sarcasmo la forma de funcionamiento de los negocios en Wall Street. Dice que un inversor llega a la selva y propone a los nativos cazar monos vivos. Pagará 10 dólares por cabeza. Se produce una gran acumulación de monos en sus jaulas. El inversor ofrece 20 dólares, ya que es más difícil cazarlos, porque hay menos. Luego el inversor ofrece 50 por mono. Es muchísimo más difícil capturar a los que quedan pero sigue siendo negocio. Es aquí cuando el inversor se ausenta "por unos días" y su ayudante ofrece a los nativos un trato más o menos espurio: liberará una cierta cantidad de monos a 35 dólares por cabeza. Los nativos volverán a vendérselos al inversor –son tantos los monos enjaulados que no se notará la falta – y éste pagará 50, según la última cotización. Con ello, los nativos ganarán 15 por cada mono revendido al inversor. Aceptan, claro está. Pagan 35 por cada mono liberado. Y se...

Juan Gelman, la revolución que "podía ser"

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Fueron pocos los poetas de la generación del setenta que no sintieron en sus años augurales el impacto de la poesía de Juan Gelman. La mayor parte, sin embargo, matizó luego esa influencia con una poesía no menos porteña pero de índole distinta. Las razones de este fenómeno exceden el espacio de este papel, pero también el de la época. Gelman, en su doble aspecto, poético y político, sobrepasó asimismo el espacio de un estrecho círculo epocal y un no menos estrecho círculo de lectores. Es uno de los poetas más leídos de la Argentina, aunque no a la par quizá del uruguayo Mario Benedetti, o de Pablo Neruda. Lo cierto es que integra esa franja de poetas medianamente populares en la clase media argentina. La poesía es un género que, se sabe, puede gustar sin ser leído. El acto de intelección no es imprescindible, o no al menos el acto completo de intelección, cuando se enfrenta un poema. Es intrigante. Pero no por nada a la poesía se la considera noble a la que vez que estúpida...

Griseta

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-¿Le molesta si pongo un tango? -me dijo el taxista. -Todo lo contrario -mentí ante lo irremediable, porque si hay algo devastador es escuchar un tango a las nueve de la mañana. Encendió la FM y escuché sin querer. Terminó el tango y el tipo adivinó cuál seguía con sólo escuchar las primeras notas, así que antes de que empezara el tercero le pregunté rápidamente: -Ahora, ¿cuál viene? Sonaron dos compases. -Griseta -dijo. Escuchamos en silencio. -¿Le gusta la ópera? -dije. -La verdad que no -dijo. -Pero sabe de dónde viene Griseta... -¿La del tango? Sí, de Francia... Disculpe la expresión, es la típica puta francesa. -Una puta rara, ¿no? Soñaba con Des Grieux, quería ser Manon -cité. -No sé quiénes son, pero le voy diciendo algo: Griseta es Griseta. Es medio sentimental pero no deja de ser una atorranta; si quiere, me da lástima. Hubiese sido una guarangada que le dijese que en sólo una estrofa González Castillo menciona a todos los personajes de dos óperas de Puccini...

No puedo terminar el libro sobre Roca. Basta

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Tal vez un informe forense y unos libros puedan decir más sobre un hombre que todas las anécdotas que jalonan una vida. Leopoldo Lugones, polígrafo nacido en Río Seco, Córdoba, en 1874, apareció muerto por envenenamiento en una habitación de un recreo del Tigre, llamado El Tropezón, el 19 de febrero de 1938. El deceso se produjo la noche anterior. En su mesa, como imagen espartana de su vida, había una botella de whisky a medio consumir, un vaso con agua intacto, una carta y un artículo inconcluso. La carta no decía nada en absoluto sobre los motivos de la muerte. Sólo alertaba que el difunto era dueño de sus actos. Fuera de eso, pedía que lo enterraran sin cajón y sin lápida. Curiosamente, la carta póstuma empezaba así: No puedo terminar el libro sobre Roca. Basta . Y es éste el primer indicio sobre las razones del suicidio del discutido poeta del nacimiento de los tiempos modernos en la Argentina. Pocos suicidas hubiesen recordado a cinco minutos de ejecutar su propia senten...

H.G.Wells: La utopía negra

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y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis  como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 18:3 / “Sé que pensaba con poca ilusión en el futuro de la humanidad y que veía en el crecimiento de la civilización una acumulación insensata que se vendría abajo sobre nosotros mismos". Herbert George Wells no escribió estas palabras al final de su vida, cuando estaba ya dominado por el pesimismo, sino en el comienzo de su carrera de escritor, a los 27 años. Las escribió sobre un personaje ficticio, el Viajero del Tiempo, pero no es ocioso pensar cuánto de su propia persona ponía en ellas el creador de la ciencia ficción y el mayor ingeniero de fantasías políticas que tuvo Inglaterra en las tres primeras décadas del siglo XX. Wells, cuya Guerra de los mundos acaba de conocer [2005] una nueva versión fílmica directa, la de Steven Spielberg (su influencia en multitud de otras historias de marcianos es enorme), fue un profeta y un ingenuo pred...

Desiertos y laberintos

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Flaubertiana El hirsuto /  escriba, misántropo/  ofuscado por sentencias/  que de perfectas amenazan/  con secarle el corazón,/  pesadillas de páginas sobre nada,/  estilo,/  descubre en su espejo/  las facciones de un buceador,/  cómo se hunde y asciende,/  obstinadamente,/  las manos siempre vacías,/  azulado el rostro;//  hermanos,/   en el sarcasmo del fracaso,/  la obsesión de que las causas/  malogradas son las únicas/ genuinas,//  ¡galeote y nadador,/  sirviéndose con la inhumana/  compulsión de que no haya /  entre los principios del placer/  sino el que se desliza de la incertidumbre,/  tentativa tras tentativa!,/  ¡el copioso placer de lo no fértil! Alberto Girri (Buenos Airess, 1919-1991), Monodias , Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1985 Después de 25 años continuados de democracia en la Argentina, las connotaciones de exilio y encierro siguen sie...

El esquive de la atemporalidad

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 La contemporaneità temporale del trasumanar non è l' organizzar?   Pier Paolo Pasolini * Toda época, y toda épica, debe tener un Zdanov. No lo necesitó el momento revolucionario, inevitablemente a-histórico, de la ex URSS. Lo necesitó la construcción ideológica que lo sucedió. Y aun después -expandida en el mundo de la izquierda la crítica política y cultural al Kremlin- continuó propagándose su delicada baba. En 1971 Pier Paolo Pasolini escribía: "Sartre, en lugar de Zdanov" *. La regimentación del arte formó parte de la artritis del marxismo soviético hasta la caída de Berlín Oriental. La "tendencia materialista", que acaba de fundarse en la crítica Argentina, padece ese mal, con muy escasa -a veces pasmosamente escasa- relaboración de lo restos discursivos de la Sociedad de Escritores Soviéticos. La tendencia materialista , de Violeta Kesselman, Ana Mazzoni y Damián Selci (Paradiso Ediciones, Buenos Aires, 2012), es, antes que una "antología crí...