Griseta

La obra del abate, reeditada
en 1973 por Gallimard


-¿Le molesta si pongo un tango? -me dijo el taxista.
-Todo lo contrario -mentí ante lo irremediable, porque si hay algo devastador es escuchar un tango a las nueve de la mañana. Encendió la FM y escuché sin querer. Terminó el tango y el tipo adivinó cuál seguía con sólo escuchar las primeras notas, así que antes de que empezara el tercero le pregunté rápidamente:
-Ahora, ¿cuál viene?
Sonaron dos compases.
-Griseta -dijo.
Escuchamos en silencio.
-¿Le gusta la ópera? -dije.
-La verdad que no -dijo.
-Pero sabe de dónde viene Griseta...
-¿La del tango? Sí, de Francia... Disculpe la expresión, es la típica puta francesa.
-Una puta rara, ¿no? Soñaba con Des Grieux, quería ser Manon-cité.
-No sé quiénes son, pero le voy diciendo algo: Griseta es Griseta. Es medio sentimental pero no deja de ser una atorranta; si quiere, me da lástima.
Hubiese sido una guarangada que le dijese que en sólo una estrofa González Castillo menciona a todos los personajes de dos óperas de Puccini, una de ellas basada en una historia del abate Prévost, y que, para rematarla, cita a la hoy olvidada dama de las camelias de Dumas (hijo), que también se inspiró en Prévost y a la vez fue la base de otra ópera, de Verdi. Una guarangada que le dijese que una cortesana francesa, una mujer del demimonde, había inspirado obras y modelos, y que ahí estábamos, a dos siglos casi tres de las desventuras de Manon Lescaut, evocando nombres muertos, mundos de muselina degastada y flores secas.
-Sí, si usted quiere, me da lástima. Y no sé por qué -vacilaba el chauffeur.
Entonces me di cuenta. El mito estaba vivo: la irremediable perdición, la muralla de la condena moral, el abismo de la pasión y la imposibilidad trágica resonaban en las sílabas de nombres cuyas historias desconocía el chauffeur.
-Y... es por eso, vio -le dije-. Porque es una mezcla rara de Musetta y de Mimí.
Giró la cabeza y, con una conmovedora seriedad, dijo:
-Tiene razón. Es por eso.

Jorge Aulicino
Revista Ñ, 2005

Comentarios

  1. Ese chofer va a buscar o hará buscar en Google lo que le mencionó su viajero circunstancial, la incógnita de quedarnos sin saber del todo es movilizadora, gracias Adriana por continuar tus publicaciones, un abrazo!

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