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"¿Para qué Bizancio o la corona del germano?" - Acerca de dos libros de poemas

El punto de partida era una imagen absoluta. Me refiero a una imagen visual, un momento de revelación, una situación que, de modo algo tautológico, yo llamaba poética. De donde la poesía venía a ser una ampliación y un intento de comunicación de este núcleo inefable.

Hace tiempo, pensaba que ese núcleo o disparador generaba las palabras que naturalmente le correspondían. Palabras -pocas o muchas- inexorables. Con el tiempo, un tiempo de ruptura con el hecho mágico, la imaginación -la digresión- comenzó a hacer de muleta cuando la inexorabilidad fallaba. La imaginación debía tener en cuenta, sin embargo, cierta secreta, y siempre muy subjetiva, relación de cada frase con la que le antecedía. Un consciente y consistente aire de familia. Esto es, no he dejado de creer en el hecho mágico, porque está allí, sin duda, pero a la vez que se presenta menos relacionado con elementos tradicionalmente considerados mágicos (ciertos cafés, ciertos marginales, por ejemplo), resuelve su formulación de…

Jardines imaginarios con sapos reales

Delegación sombría

El poeta de los hombres efímeros

La segunda caída del Muro de Berlín

Radio Roma

Edgar Bayley, un poeta para las cosas que se desvanecen

Aguirre

¿Qué es, después de todo, una noche?