Entradas

El tao de Girri

Imagen
  La variación en la rutina, la declarada predilección de Alberto Girri por la música de Bach (Cf. Obras Completas , Tomo IV), es la base de una poesía que ha resuelto, de la manera más satisfactoria posible, la convivencia del realismo con la abstracción. Y, tal vez, de la religión con el escepticismo. Girri comenzó a escribir cuando la poesía argentina de este siglo, por así decirlo, maduraba. Nos llegó a algunos autores, treinta y pico de años más tarde, también en la madurez,  o en el comienzo de la madurez, de nuestras vidas personales. Girri debió sentirse incómodo con la primera situación, no sé si con la segunda (que aprendices de distintas procedencias estéticas se acercaran a sus poesías y a él personalmente). Girri, aunque influido por el canon neorromántico de los años cuarenta, inició en aquella década un camino distinto. No lo perdería jamás. Y es su mérito dejárnoslo presentir. /             Desde P...

La figuración del mal

Imagen
El eje de la metáfora o visión llamada Infierno en la Comedia de Dante Alighieri se extiende, a mi entender, desde el canto XXI al XXX. Son nueve cantos enhebrados por la presencia del diablo representado como malévolos ángeles negros, o como serpientes o encarnado en los condenados mismos. Esa visión tiene sin embargo un tono a veces zumbón, debido a que estamos desde hace un tiempo en las Malebolge, denominación que literalmente significaría "malas bolsas": los diez socavones del Octavo Círculo que encierran todas las variantes del fraude. Son hondonadas, pozos, de bordes derruidos a veces, atravesados por puentes de piedra que a Dante le recuerdan los levadizos que sirven para atravesar los fosos que rodean un castillo. No es tan curioso que el Octavo Círculo sea tan vasto, con tantos recintos distintos y tantas clasificaciones de los reos, cuanto que está más abajo que el de los violentos, el conocido Séptimo Círculo. La ordenación de los castigos según la gravedad...

Oliverio, de la celebración a la náusea

Imagen
En la escuela Albert Le Grand, de Arcueil, Francia, probablemente se recordó durante años el momento en que la trayectoria de un tintero arrojado desde el fondo de un aula buscó la cabeza de un profesor que había llamado antropófagos a los argentinos. El autor del atentado era el estudiante Oliverio Girondo, hijo de un acaudalado comerciante de Buenos Aires y descendiente por vía materna del general [Juan Antonio] Arenales. El viejo duende de altillo que fue Girondo, un poeta de la bella época de Buenos Aires, saluda a menudo desde el fondo de la memoria en esta ciudad. Hoy [24 de enero de 1997] se cumplen 30 años de su muerte. Había nacido en 1891 y animó la bohemia en el momento en que aquella palabra tenía sentido. Al autor de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía lo recuerda un café-concert del centro y lo cita la estereotipada película El lado oscuro del corazón , de Eliseo Subiela. Es poeta celebrado. No era antropófago, pero sí un poco energúmeno, según pudo verse...

Infierno y Paraíso de Florencia

Imagen
Es posible que Florencia haya sido el centro de la civilización occidental al menos en dos momentos, y seguramente en uno. Los vestigios del primero, en el que Dante Alighieri fue a la vez uno de los priores de la ciudad y su cabeza comenzaba a concebir el Infierno, no son escasos. La casa que fue de Alighieri, o al menos una parte de las paredes, hoy restauradas y convertidas en sostén de imágenes y textos que reproducen libros y blasones; una cama semejante a la suya en el ático, tal vez. El fabuloso Duomo -la catedral Santa María del Fiore- en mármol blanco, verde, rosa. A media cuadra de la casa de Dante, la iglesia en la que, se dice, tres acontecimientos fundamentales de su vida se produjeron: la primera o segunda vez en que vio a Beatriz Portinari; su casamiento con Gemma Donati; el entierro de Beatriz. Allí, una mendiga nos indica cuál era la tumba de Folco en la que presumiblemente están los restos de su hija Beatrice. Sobre esa tosca lápida una cesta pequeña recoge ...

"Compromiso" y efecto mariposa

Imagen
En el centro de todo escritor que se considera activamente político hay un hombre que quiere ser centro. Desde la marginalidad social voluntaria, algunos escritores quieren ser centro también. Esto es tan simple como pensar que la literatura tiene una lentísima influencia en los acontecimientos humanos. La literatura, salvo la del discurso político, no precipita acontecimientos. El Palacio de Invierno no se tomó por poemas o novelas leídas el año anterior: quizá, sí, muchas palabras elegidas para poemas y narraciones a lo largo de muchos años, contribuyeron a modelar una lengua política que fue la que hablaron Lenin, Trotsky, Bujarin, Zinoviev y Kamenev. Pero no fue un poema escrito la semana anterior lo que decidió el asalto que simboliza el comienzo de la Revolución de Octubre. Ni un poema de Pushkin ni un poema de Maiacovski; mucho menos, un poema de Baldomero Fernández Moreno (a menos que se crea en el efecto mariposa, ese que se cita ya sin conocer la fuente: cuando una mariposa...

Poesía y alienación

Imagen
Desde hace un tiempo, algo que me parecía absurdo cuando era muy joven me parece más acertado: escribir poesía es una forma de la neurosis. Por lo menos, el tipo de poesía que me interesa. Yo escribo poesía para "atrapar" algo. No para reproducir de manera naturalista, aunque eso es también, a veces, un intento de atrapar. Sé, o creo saber, que las palabras pueden producir el mismo efecto que producen en mí las cosas. Se trata de una forma de imitación, de mímesis, que va más a la estructura que a la apariencia, si bien, como digo, sucede que la apariencia a veces da la idea de la estructura. Expresarme es entonces, para mí, lograr ese fenómeno o su efecto. No creo expresar algo propiamente mío en ningún poema porque lo "propiamente mío" no sé qué es, sino una participación para mí mismo desconocida en la estructura y movimiento de las cosas. Puede que esto comience a explicar el para qué y el por qué. Me refiero al sentirse parte del universo que nos ro...

Joaquín Giannuzzi: El peso terrestre

Imagen
La última edición de la obra de Joaquín Giannuzzi que conozco la hizo la Fundación BBVA en Sevilla, España, en 2009. La compiló Jorge Fondebrider en Buenos Aires. La anterior es de Emecé, de Buenos Aires, y llega hasta 2000, año de su edición. Esta última no tiene prólogo, pero incluye en la solapa de la contratapa dos breves fragmentos sobre Giannuzzi, escritos por Daniel Freidemberg y Santiago Kovadloff. Si se piensa que su primer libro, Nuestros días mortales , fue publicado en 1958 por la influyente editorial Sur, con un breve comentario de H.A. Murena, y que la más reciente compilación de sus trabajos se publicó fuera del país, una cierta intriga comienza a rodear la historia de este autor cuya línea de vida y escritura parece tan nítida, tan claramente trazada desde los primeros versos del primer poema del primero de sus libros: "Este breve racimo / de uvas rosadas pertenece / a otro reino. / Yace, sobre mi mesa, / en la fría integridad de su peso terrestre..." To...