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La Pasión del Che Guevara

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La conjunción de una derrota sublime, de un craso error táctico y estratégico, y de dos imágenes que se difundieron casi simultáneamente hicieron de Ernesto Guevara un símbolo de desinterés, coraje, absoluto desapego, incluso por el objetivo, y emblema de una victoria metafísica. La historia debe aún decir mucho sobre las razones que llevaron a Guevara y sus ideales al callejón sin salida de la Quebrada de Churo, en la selva de Ñancahuazú, en el sudeste boliviano. El modo incluso en que el Che cayó en manos del ejército boliviano en 1967, herido, andrajoso, con su arma rota, debería ser tan significativo como su cuerpo tendido sobre una angarilla colocada a su vez sobre dos piletones en el lavadero del hospital de Vallegrande. "No se preocupe, capitán, esto se acabó", dice Gary Prado que le dijo Guevara al entregarse. Prado es hoy general y se mueve en silla de ruedas, baleado por la espalda por error cuando desalojaba, años después, un pozo petrolero tomado por comando...

La misa: el efecto teatral

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El efecto teatral (espero que ningún católico se ofenda por este término noble) de la liturgia católica quizá se acentuaría si, como quiere el Papa, se volviera a la misa en latín. Es probable que la Iglesia Católica Apostólica Romana haya adoptado en 1960 la misa en idiomas vernáculos, y desistido del latín como lengua muerta y lengua sagrada, porque no confía en los efectos del distanciamiento brechtiano. Es probable también que después de Brecht el teatro haya desistido de provocar esos efectos o los haya radicalizado de manera que se hicieron totalmente ineficaces (teatro de propaganda / teatro ineficaz) por las mismas razones. Es decir, porque no comprendió el poder revolucionario del drama de Brecht. Es probable que ni católicos ni teatristas hayan confiado, en última instancia, en el público. ¿Qué se argumentaba en 1960 para que se dejase de oficiar la misa Tridentina? Que la gente se iba de la Iglesia. ¿Qué argumentan hoy los pastores carismáticos católicos en relación con...

Quoth the Raven

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El 19 de enero del año que viene [2009] estaremos festejando el bicentenario del nacimiento de Edgar Allan Poe en Boston. Y el 7 de octubre de 2049 muchos de ustedes, no seguramente yo, recordarán el infausto día en que, 200 años atrás, Poe murió en un hospital de Baltimore. Adelantémonos a decir que Poe fue el “fundador de la poesía moderna”, y no solo el precursor del cuento corto y el gran maestro del cuento de terror. Poe, y no Baudelaire, quien a su vez lo descubrió en Francia y escribió por él uno de sus textos más emocionados y sinceros. Poe y no Baudelaire, ¿Por qué? Poe escribió apenas un puñado de poemas. El más popular, “El cuervo”. Ese poema nada nos dice a simple vista sobre el carácter de la poesía moderna, parece más bien anacrónico, pues ambiente, música y personajes hacen pensar en una situación poco imaginable en la costa Este de los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX. Todos sus poemas y casi todos sus cuentos, por otra parte, tienen esa cualidad...

Una conquista de qué, y, sobre todo, de quién y a costa de quién?

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Pensaba decir, en la mesa que se me había asignado en el coloquio sobre traducción de Bariloche*, algo sobre la traducción en general, para pasar luego a lo específico de la traducción de poesía, que era para lo que se me había convocado. Sabrán que hay problemas en el aeropuerto de Ezeiza. Con otros colegas, no pude viajar a Bariloche. Resumo pues, para el Club de Traductores Literarios, uno de los organizadores del encuentro, aquellas ideas, enriquecidas por la azarosa visita a una estación aérea de la que salí como había entrado: sin viajar. Esto me ocurrió sólo una vez, anteriormente, cuando me equivoqué en la fecha de un viaje. Deja una rara sensación: la de regresar desde ninguna parte. Tal debe ser la sensación de un traductor que no logra su cometido, cual es ir a otra lengua y volver con un cargamento que pueda ordenarse y pueda reproducir por cualquier medio, la palabra preferentemente, la riqueza del viaje ante eventuales interlocutores. ¿Por qué necesitamos narrar...

Piratas del Caribe

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En abril de 1884 el novelista Walter Besant pronunció una conferencia en Londres sobre “el arte de la ficción” que enseguida se publicó como fascículo en un periódico. Ese hecho significó mucho en la historia de la literatura inglesa por dos motivos: primero, porque los que entonces no tenían más estatus que el de un guionista de televisión en nuestra época encontraron un vocero muy popular e influyente para sus aspiraciones artísticas; segundo, porque produjo el mágico encuentro de dos maestros en el escenario de una polémica: Henry James y Robert Louis Stevenson. James, en un artículo publicado en septiembre de aquel año, respondió al enfoque realista, y sobre todo moralista, de Besant, usando como título de su nota el mismo que Besant había puesto a su conferencia: “El arte de la ficción”. Stevenson intervino a fines del año apuntando más a James que a Besant (aunque no estaba de acuerdo tampoco con éste), con su artículo titulado “Una modesta reconvención”; reconvención a quien c...

Los monstruos y los asesinos

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A fines de febrero [del 2006] murió Darren Mc Gavin. Tenía 83 años e ignoró por completo que para un mortal del Cono Sur fue la posibilidad de fuga necesaria en un contexto agobiador y aterrante. Mc Gavin había puesto su cuerpo a un detective duro y misógino, Mike Hammer, en los años primeros de la televisión. En los 70 no era más Hammer, era Kolchak, el perseguidor nocturno. La serie que produjo y actuó en esos años se llamaba así no más: Kolchak: The Night Stalker (1). En una Chicago más sórdida que horrorosa, el periodista Kolchak se interesaba por delitos de apariencia extraña. Sus investigaciones terminaban encontrando vampiros, hombres lobo, extraterrestres y hasta al diablo mismo. Veía yo esta serie devotamente en plena dictadura. Afuera reinaba la política --por llamarla así-- que los nazis bautizaron casi cínicamente de "noche y niebla". Capturar y matar en la penumbra tiene efectos más letales que cualquier otro procedimiento terrorista, pues crea u...

El jaguar en la tranquera

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“Crecí en esa región, entre los gauchos más arcaicos, temibles o bondadosos que aún quedan en la Cuenca del Plata, y de todo esto ha quedado grabado en la conciencia de mi sangre lo que pasaré a leer”. En una tierra más cercana de lo que parece en este párrafo, se forjó la poesía de Madariaga, a quien acaban de otorgar en forma póstuma el Premio Nacional de Poesía [2004]. La cita es de una conferencia, breve; una de las pocas presentaciones públicas de Madariaga. Fue en los años de 1980 en un congreso de intelectuales y específicamente en una mesa sobre identidad latinoamericana. Madariaga, sanguíneo pero introvertido, de fina figura adornada por una barba candado, una expresión de seriedad y ausencia, de adustez e inteligencia callada, dijo entonces, en breves líneas, las imágenes primordiales que dieron lugar a su poesía: “Siendo muy pequeño descendí de un tren marrón, antiguo, casi fluvial...” Se comprende enseguida por qué aquel lugar correntino parece tan lejano. Está en la me...