Rimbaud, el inventor de Google


Viernes 06 de Junio de 2008
Ultimamente, la poesía se ha adueñado de la red, un lugar en el que no le cobran por circular, ni tiene la exigencia de vender.
No quiero decir con esto que considere a la red superpoblada de poesía, sino que se nota en los blogs de poesía una respiración plena, como de quien se siente a sus anchas en el medio.
Al hecho de que resulta menos complicado editar en la red que en papel, se suma, quizá, que el formato poema se ajusta a una cuestión estructural de la lectura on line: la brevedad y el salto. No he conocido a nadie que permanezca por más de diez minutos frente a un texto en la red. Existe un sistema de estadísticas que Google ofrece a sus blogueros (es decir, a los que tienen blogs proporcionados por Google). Esas curvas miden el tiempo de permanencia de los lectores frenta a las páginas y arrojan promedios generales que se miden en un rango que va de menos de diez segundos a más de 600 segundos. De hecho, la estadística no considera en particular promedios de más de diez minutos (600 segundos) de permanencia en un sitio web. Y es que rara vez los promedios alcanzan la mitad de ese tiempo, muy pocos se ubican en la franja entre tres y diez minutos (tampoco sabemos cuántos más cerca de tres que de diez).
La lectura en línea pide a gritos un link cada tantos segundos, según el biorritmo de cada uno, y aunque los blogs y los sitios en general ofrecen miles de links a cada paso, incluidos molestos banners que por momentos se cruzan frente a la vista, nadie mejor que el poeta sabe dónde poner el link. O cuántos poner. Porque los poemas tienen links per se, que llevan a imágenes que suenan a otras, que aluden a cosas que, ante la falta de link específico, se buscan a través del buscador Google mental de manera genérica y quizá arbitraria.
La poesía es el mejor negocio que Google podría tener. Su explotación comercial sería infinita. La función interna de la poesía es linkear cerebralmente, y de los modos más originales, a razón de dos o más links por palabra. Imagínese si Google pusiera links a cada posible asociación que cada verso permite, a las evocaciones, a los sentidos: “infame turba de nocturnas aves”, célebre verso de don Luis de Góngora, remitiría a búhos, cetrería, arpías, murciélagos, abismo, Hades, espeleología, Río Turbio, hulla, turba y carbón, Pterodactylus (que lleva el link implícito de “dedo alado”), Cancerbero, perros de tres cabezas, Parcas, terror, crepuscular pleistoceno, etcétera.
Adivino que ya hay un cerebro de Google pensando cómo sacar partido a esto. En mi caso personal cuando leo un poema en la red generalmente hago una o más búsquedas en Google: de otros poetas, de más poemas del mismo autor, de cuestiones laterales a ese poema o a la poesía. Pero hay algo más: estoy seguro de que el poema desata una convulsión de búsquedas, que en principio no parecen directamente asociadas a él. ¡Qué grandes googleros los poetas! Góngora, Rimbaud, ¡qué linkeadores!

Voyelles / Vocales

A noir, E blanc, I rouge, U vert, O bleu : voyelles,
Je dirai quelque jour vos naissances latentes
A, noir corset velu des mouches éclatantes
Qui bombinent autour des puanteurs cruelles,
Golfes d’ombres ; E, candeurs des vapeurs et des tentes,
Lances des glaciers fiers, rois blancs, frissons d’ombrelles;
I, pourpres, sang craché, rire des lèvres belles
Dans la colère ou les ivresses pénitentes;
U, cycles, vibrements divins des mers virides,
Paix des pâtis semés d’animaux, paix des rides
Que l’alchimie imprime aux grands front studieux;
O, suprême Clairon plein des strideurs étranges,
Silences traversés des Mondes et des Anges:
- O l’Omega, rayon violet de Ses yeux!

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A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales,
yo diré algún día su nacimiento latente;
A, negro corsé velludo de moscas relucientes
que se agitan en torno de porquerías crueles,
golfos de sombra; E, candor de vapores y de tiendas,
lanzas de glaciares fieros, reyes blancos, temblor de de umbrelas;
I, púrpura, sangre escupida, reír de labios bellos
en la cólera o las borracheras penitentes;
U, ciclos, vibraciones divinas de mares verdosos,
paz de campo sembrado de animales, paz de arrugas
que la alquimia imprimió en grandes frentes estudiosas;
O, supremo clarín pleno de estridencias extrañas,
silencio atravesado de Mundos y de Angeles:
- O, la Omega, ¡el reflejo violeta de Sus ojos!

(Arthur Rimbaud, Charleville, 1854- Marsella, 1891)
Versión del autor del blog, un poco a la bartola.

Jorge Aulicino
El Estante Maldito

Foto: La imagen más famosa de Rimbaud, obtenida por el fotógrafo Étienne Carjat en su estudio de París, en octubre de 1871 (Rimbaud tenia 17 años y el 28 de mayo de ese año había sido aplastada la Comuna)

Comentarios

  1. Excelente post. Es así, la poesía y tbién la pintura nos permiten asociar libremente nos llevan a una búsqueda incesante de otras obras del autor, su biografía, el contexto histórico de su producción y la vuelta a nuestra propia obra más enriquecidos...Maravilloso poema de Rimbaud.

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