La verdad, la belleza, la materia oscura y el big bang

En mayo de 1994, cerca de la ciudad minera de Sierra Grande, en la provincia de Río Negro, Argentina, científicos argentinos, españoles y un norteamericano pusieron en una galería de la mina inactiva de hierro, a 500 metros de profundidad, un detector de partículas oscuras. Fui allí enviado por el diario Clarín para ver qué era eso. Creo que pude ver algunas otras cosas, pese a que la materia de que se trataba era precisamente “oscura”.
Frank Avignone en el
7th International Workshop "Ultra Cold & Cold Neutrons.
Physics & Sources", San Petersburgo, 2009
Varios de aquellos detectores estaban siendo colocados en diversos puntos del planeta como parte de una investigación patrocinada por una universidad norteamericana, otra española y la Comisión de Energía Atómica argentina. El experimento surgió de la comprobación de que la velocidad a la que rotan de las galaxias no es proporcional a la masa visible o luminosa. En otras palabras, que debe existir más masa de la que podemos ver, generando gravitación, para evitar que las galaxias salgan disparadas una contra otras y se revierta el camino del big bang o Explosión Inicial. Esa materia debe ser, entonces, “oscura”. Y aquel grupo de científicos pretendía verla en sus detectores, colocados a gran profundidad para captar solo las partículas oscuras que en teoría atraviesan la masa terrestre y cualquier otro cuerpo que se interponga en su camino, sin interactuar con ellos ("de otro modo estaríamos todos achicharrados aquí", me aclararon). Lo que surgiera de la experiencia sería vital para la teoría del big bang. Esto me lo dijo el científico español Juan Collar en el modesto hotel de Sierra Grande frente a la botella de grapa que administraba esa noche el representante estadounidense Frank Avignone. “¿Sabes qué?”, dijo Collar. “La teoría del big bang es tan hermosa, tan perfecta, tan elegante, que sería una lástima que no funcionara”. “¿Peligraría la teoría del big bang?”, me asombré. “No solo la teoría del big bang”, dijo Avignone. “Toda la física, desde Newton, habría fallado si no existiera más materia que la que vemos o podemos calcular”. Entendí en un instante, o creí entender, que cualquier teoría podría regirse por los mismos principios que la estética. Esto me puso un poco nervioso. Dije: “¿Van a intentar defender una teoría solo porque es bella? Podría no ser cierta”. “Pero podría serlo”, replicó Avignone. Y sirvió otra vuelta de grapa.

Jorge Aulicino
Revista Mal Estar, 2002

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