El sombrero del muerto




Pasé muchas horas jugando algunos juegos para PC y hasta puedo decir que fui adicto a uno de ellos, pero no alcanzo a comprender la necesidad de especialistas en nuevas tecnologías de discutir si esta forma inédita de entretenimiento es arte.
Habrán visto que últimamente es fácil llamar arte a algo. Los carteles, distintos géneros de "intervenciones", el piercing, algunas manifestaciones de protesta, disputan la categoría de arte, tanto con el fin de prestigiarse con la forma moderna y revolucionaria de concebirlo como de desacreditar lo que no es ideológica o estadísticamente popular.
Los videojuegos son ahora el principal candidato a lograr la supuestamente honrosa denominación de "octavo arte", cuando todavía no sabemos dónde está el séptimo. Clarín dedicó espacio, el domingo pasado, a consideraciones como las del "crítico de videojuegos" Stephen Totilio, quien habla de una forma "incipiente" de arte (¿incipiente?; ¿cuál habrá sido la pintura "incipiente" o la literatura "incipiente"), o del escritor D. B. Weiss quien pronostica que dentro de 15 años los videojuegos serán "una forma de arte popular tan legítima como el cine".
Hay una confusión de fondo que uno no sabe si atribuir a escasa reflexión o simple pedantería. El cine no es un arte, es un medio, como la TV; sirve para hacer arte como la pintura sirve para pintar paredes, decorar o crear un cuadro. Los videojuegos tienen su estética, y muy buena, pero no son arte, forman parte del gran arsenal de juegos y deportes concebidos por el género humano. A los mandarines chinos, que apreciaban cierta calidad estética del ajedrez, no se les ocurrió nunca llamarlo arte, salvo bajo el concepto general de "virtud, disposición y habilidad para hacer algo"; no como una actividad dirigida específicamente a producir un tipo de emoción llamada artística, y cuya única o principal función sea ésa. En un juego, el arte está subordinado a otro fin, como en la decoración.
[La muestra Into the Pixel, que se realiza desde 2003, reivindica el arte de los videojuegos. La muestra sin embargo, exhibe más bien el arte en los videojuegos, es decir, las imágenes sacadas de su contexto lúdico.]
La vacante del arte --porque al fin lo han vencido las teorías sobre su muerte, metamorfosis, secularización, "pérdida de aura"-- deja abiertas demasiadas puertas. Es notable que haya tantos postulantes al sombrero del muerto. Será que no se puede prescindir del arte, como si fuera una fuerza irracional cuya finalidad es el puro regocijo de ser lo que es.


Jorge Aulicino
Revista Ñ, 2006

Ilustración: CNN México

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