Redes y reciarios

Una inmensa "red social" (virtual) ha reemplazado la política.

El sistema atrapa a los intelectuales, incluidos los poetas. Digo "atrapar" en su sentido figurado de fascinar. Una gran parte de Facebook se alimenta de fotos de mascotas y paisajes, fotos de platos de comida y recetas culinarias, anécdotas, informes sobre la propia salud, puestas de sol, frases atribuidas a celebridades, links a canciones en Youtube, noticias curiosas, videos caseros (generalmente de mascotas), invitaciones a eventos, saludos de cumpleaños. Pero hay una parte política que consiste en trasmitir la indignación ante las atrocidades del capitalismo, la industria minera, la destrucción de las especies, los fondos de inversión, el Estado de Israel, los dichos racistas o machistas de políticos de derecha, las tragedias de las inmigraciones ilegales, los crímenes del narcotráfico.

La página personal de Facebook se dio en llamar al principio "muro". Ahora se llama "biografía". "Muro" calzaba mejor con el contenido político de muchas entradas. Establecía una analogía con la pared en que se pintan consignas o se pegan carteles. Tal vez Facebook advirtió la sutileza y cambió por "biografía", un término de connotaciones más personales, incluso íntimas. Esto es, intentó retrotraer el internet interactivo a un período anterior: el de los blogs, o "bitácoras", que apelaban justamente a la idea del diario privado.

El hecho político de las "redes sociales" no es que tanto en Facebook como en Twiter (en éste más aún) tiendan a expresarse opiniones políticas, defenderse o atacarse gobiernos, denunciar o criticar. El hecho político es que muchos, casi todos, creen en el "poder" de estas "redes"; en respaldo de la idea se citan casos de grandes convocatorias políticas realizadas a través de Facebook y Twitter: en Medio Oriente, en España. Los usuarios que tienen este convencimiento no ignoran que las "redes" son silenciosas pescadoras de información en segundo plano, esto es que miles de billones de datos personales van a parar a desconocidos "bancos" de datos. Eso nos les importa, lo consideran el precio a pagar por la participación política.

Cierto es que las "redes" han sido "motores" de movilizaciones sociales físicas o "reales". Pero cierto es también que luego esas movilizaciones fueron atrapadas en las "redes" (¿inmortalizadas?) a través de cientos y miles de fotos y videos realizados con teléfonos celulares. Y también parece cierto que todo −incluso lo "real"−, comienza a adquirir el carácter de una gran analogía: "redes" de "biografías" construyen una gran "realidad". Uno de los problemas de los grandes movimientos sociales es que consuman y crean  su propia propaganda, y se hagan de ese modo figuras de propaganda ellos mismos y cada uno de sus integrantes. Así, cada movimiento de las "redes" significa la movilización virtual de miles de "biografías" hacia un objetivo "real" que no lo es nunca. Devenimos habitantes de una ficción. Siempre lo hemos sido. Todos los movimientos políticos han creado sus personajes, su escenario y su lenguaje. La política es esencialmente propaganda, y la propaganda es esencialmente ficción. Facebook ha acentuado este carácter de la política se diría que conscientemente, en una operación −de amplitud nunca vista−, de observación y eventual control de la movilización social.

Algunos intelectuales creen, y tiendo a creerlo, que aun así el "medio" es aprovechable para los debates y la difusión de obras e ideas, como lo han sido siempre los medios en la modernidad, aun los grandes medios propiedad de grandes capitales y vehículos en general de las ideas de la derecha o el centro-derecha (los ha habido de izquierda).

Lo que me llama la atención es que esta idea de "medio", de instrumento, se está perdiendo, en aras de la idea de "red" que es una figura de doble filo (si se me permite decirlo de modo también analógico). La red de los reciarios en el circo romano era un instrumento que podía envolver al adversario −era éste su fin−, pero también "enredar", si no se era hábil, los movimientos del propio portador. Me da la impresión que cuando se cree en el "poder" de las "redes" se ignora este peligro: que nos convirtamos en red y dejemos de ser reciarios.

Los poetas son partidarios −muchos de ellos− de "usar" la red. También lo soy yo, aunque no muy convencido. La red ha producido una desubstanciación de los debates que aterra. Se responde a ideas con breves opiniones. Con vehementes rechazos o con insustanciales "likes" (representado por el pulgar hacia arriba del Emperador). En otras palabras, se reduce todo a la esencia comunicativa de la red: la trivialización de la biografía.

Hace poco, un poeta argentino, Marcelo Leites, "subió" a la "red" un fragmento de W.H. Auden acerca de los dos grandes "partidos poéticos" del siglo XX. En opinión de Auden, los conceptos de clásico y romántico cifran en realidad las ideas aristocráticas y democráticas sobre la poesía. Ejemplifica con las posiciones encontradas de los dos "partidos" ante diversas cuestiones. Una de ellas es la forma. Escribe:

El Principio Aristocrático frente a la forma: 
El poema no debe expresar los aspectos irrelevantes del tema que trata. Defiende a la poesía de la vaguedad salvaje.
El Principio Democrático frente a la forma:
El poema no debe dejar de expresar ninguno de los aspectos importantes del tema que trata. Defiende a la poesía de la trivialidad decadente.

De hecho, entonces, admitir la "vaguedad salvaje" forma parte del credo democrático. Pero creo que esto no se percibe, y que la discusión sobre poesía en la red no percibe el conjunto de "los aspectos importantes". No podría. Cada "biografía" está demasiado concentrada en sobrevivir en la red, con sus propios matices, o los que considera sus matices, no con los matices ajenos.

Los "medios" (los diarios, las revistas) no nos permitían poner "like".

El medio se adquiría, se pagaba, y si este gasto, este estipendio, esta inversión no valía la pena, el medio se dejaba de comprar. Miles de millones de escritores invierten hoy horas de esfuerzo gratuitamente. Procuran más contactos y ofrecen sus "contenidos" sin cobrar nada por ellos (la foto de su mascota o una opinión política). Entonces no pueden concebir la "red" como un "medio" sino como la "cosa en sí". La ficción  −en la cual su "biografía" debe existir− paga con esto: con conceder existencia.

La política en la red parece confirmar la existencia de una nueva revolución, con el mismo carácter que tenía para Marx la revolución burguesa: "Todo lo que era sólido se desvanece". No podemos, no queremos desvanecernos en esa ficción, sino ser personajes, "biografía". De acuerdo con el esquema de Auden, somos del Partido Aristocrático: defendemos nuestra ficción de la vaguedad salvaje.

Para la poesía, la relación con esta nueva forma histórica de la política (esta "última forma histórica de Roma" diría Pasolini), es, como ha sido siempre, conflictiva.

La poesía, sea cual sea su posición frente a la forma −a favor de lo definido y establecido o a favor de la vaguedad significativa−, no debería transar así no más con la red; a menos que la considere un nuevo "medio" en la acepción de herramienta o procedimiento, no de ambiente natural. Es ésta una postura favorable al Partido Democrático imaginado por Auden, en tanto “defiende  a la poesía de la trivialidad decadente”.

© Jorge Aulicino
Periódico de Poesía UNAM
Octubre 2015


Comentarios

Publicar un comentario